Ni el más soñador de todos se escapó de recibir alguna.
Vamos por la vida con la mochila cargada de ilusiones, los pies ligeramente elevados del suelo.. y de repente llega ese alguien, ese algo.. y ZAS!! EN TODA LA BOCA. De morros contra el asfalto. Despierta bonita. Tal cual.
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Es inevitable, forma parte del juego, de nuestra lucha, hay que aprender a esquivar los golpes, cuanto menos a aplacarlos. Y en el peor de los casos, a valorarlos como algo positivo, no como un: "ostia p*** cómo duele!" sino como un: "lo que no te mata, te hace más fuerte".
Yo he recibido unos cuantos, pero porque me dejo, porque los veo venir y no hay manera que quite la cara a tiempo (los reflejos no son lo mío)... Eso sí, caigo con un estilazo que pa' qué.
¿Y qué es mejor, darte por completo a algo/alguien que te apasiona y disfrutar del momento al máximo, o ir siempre con la coraza desconfiando de todo y de todos, por miedo a que te venga un revés, por temor a que no salga bien, a que acabe doliendo?
Al final, el problema está en uno mismo, depende de la importancia que le des a esa caída, te va a doler más o menos. Esto es como cuando tienes un dolor de mil demonios en el dedo y entonces te das un golpe torpón en la espinilla y del dedo ya ni te acuerdas.. pues parecido: todo dolor es relativo, su intensidad dependerá de lo focalizado que estés en él.
Así que si te toca encajar algún golpe, que no te tumbe.
No te permitas que duela infinito, no más allá de lo justo y necesario. Recuerda, la importancia se la estás dando tú.
No lo dudes, no hay mayor oponente que tú mismo.
Ahí está la verdadera lucha.
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